TRADUCE A TU IDIOMA

domingo, 1 de febrero de 2009

LA IDENTIDAD NO SOY YO MISMO

La identidad que cada uno de nosotros adquiere a lo largo de su vida no es más que la interiorización de la cultura en la que nos toca vivir. Un individuo, un yo, desprovisto de cultura sería un individuo carente de identidad. Por eso cuando las identidades nos convierten en despreciadores de los otros, de los diferentes, de los que, por cultura como nosotros, poseen otra identidad o cuando las identidades o los nacionalismos provocan muertes no nos queda más remedio que preguntarnos el por qué , el para qué y el cómo de eso que llamamos nuestra identidad.


Lee el texto y elabora un comentario del mismo:


«La humanidad entera no está hecha sino de casos particulares, la vida es creadora de diferencias y ninguna «reproducción» da nunca copias exactas. Todo el mundo, sin excepciones, posee una identidad compuesta. [...]Es justamente eso lo que caracteriza la identidad de cada cual: que es compleja, única, insustituible, imposible de confundirse con ninguna otra. Si insisto tanto es por culpa de esta costumbre aún tan extendido y a mi entender muy pernicioso, y que hace que nos limitemos a decir, para afirmar nuestra identidad, «soy árabe», «soy francés», «soy negro», «soy serbio», «soy musulmán», «soy judío»; quién muestra, como lo he hecho yo, sus múltiples pertenencias, inmediatamente es acusado de querer «disolver» su identidad en un cuadro informe en que se borran todos los colores. […]Para medir lo que es verdaderamente innato entre los elementos de la identidad, sólo es preciso hacer un ejercicio mental eminentemente revelador: imaginar un recién nacido que al nacer fuera alejado de su medio y situado en otro entorno; comparar entonces las diferentes «identidades» que podría adquirir, los combates que tendría que librar y los que le serían ahorrados... Esta persona, no es preciso decirlo, no tendría ningún recuerdo de «su» religión de origen, ni de «su» nación ni de «su» lengua, y podría verse luchando encarnizadamente contra quienes habrían tenido que ser los suyos.Es innegable que lo que determina la pertenencia de una persona a un grupo dado es esencialmente la influencia del otro; la influencia de quienes tiene cerca —padres, compatriotas, correligionarios—, los cuales intentan hacérselo suyo, y la influencia de quienes tiene enfrente, los cuales ponen empeño para excluirlo. Cada uno de nosotros ha de abrirse paso entre los caminos en los que es empujado y los que le son prohibidos o llenos de trampas bajo los pies; nadie no es de golpe sí mismo, nadie no se limita a «tomar conciencia» de lo que es, sino que deviene lo que es; no se limita a «tomar conciencia» de su identidad, sino que la adquiere despacio.El aprendizaje comienza muy pronto, desde muy pequeños. Cada uno es modelado, voluntariamente o no, por los suyos, los cuales le forman, le inculcan creencias familiares, ritos, actitudes, convenciones, la lengua materna, está claro, y también terrores, aspiraciones, prejuicios, enconos, así como diferentes sentimientos de pertenencia y de no pertenencia.»

MAALOUF, Amin. Las identidades que matan. Para una mundialización que respete la diversidad. Barcelona: Ediciones La Campana, 1999. (págs. 30-31, 34-35)

1 comentario:

ME _ C. Sociales en el IES Los Sauces dijo...

El grupo en el que nacemos, o donde nos asentamos nos modela desde el principio, o incluso desde antes de el nacimiento; estamos con él o en su contra. Es el grupo el que establece quienes son "los otros", "los locos", "los diferentes",...

Somos, si somos, a dentelladas; nos construimos a mordiscos escapando a la impronta del grupo o bien al contrario encajamos en su seno y dejándonos llevar por él, navegamos en su corriente.


¿Libertad? .....

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